Viajar a Nueva York la primera vez es tener la sensación de haber estado antes,
Postales de rascacielos opacos nos muestran la gran manzana,
aunque sea solo una minúscula parte.
Los neoyorquinos son turistas en su propia ciudad;
lo más puro de cada etnia se mezcla en una sociedad de pasarela.
Vidas rápidas pasan por delante de cada peldaño en el que nos sentamos,
Bob Dylan y John Lennon enseñados de sabios a jóvenes en plazas,
notas musicales decoran las calles nocturnas cada día…
“¿Por qué esconder lo que somos si es lo que somos?”,
las excentricidades no existen si no se perciben como tal.
Escenas de cigarros en las escaleras anti-incendio,
Ojos de una cantante callejera que te lloran en el anden del metro,
y te hacen llorar después en el vagón ,
sin poder evitar imaginar su historia.
Expertos en lo que se ve; mediocres de lo que se intuye,
tan directos como los dardos que se dirigen sin vacilar a la máxima puntuación,
pero en el fondo,
mercadillos de segunda mano en cada barrio;
sociedad consumista en la que, extrañamente, las historias importan.